El consumo de alcohol durante el embarazo.

Hay muchas creencias falsas en torno a la ingestión de alcohol durante el embarazo. Se dice que beber poco, o hacerlo en las primeras etapas de la gestación, no tiene ninguna incidencia. Esto no es cierto. En todos los casos, beber alcohol durante el embarazo entraña graves riesgos.

Una investigación publicada en The Lancet Global Health expuso un panorama preocupante en torno al consumo de alcohol durante el embarazo. Según ese estudio, hay cinco países en donde ese fenómeno se presenta con gran frecuencia y todos ellos son europeos.

La investigación señala que el 60 % de las irlandesas consumen alcohol durante el embarazo. Le siguen Belarús, con el 47 %; Dinamarca, con el 46 %; Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte con el 41 %; y la Federación de Rusia, con el 37 %.

El mismo estudio indica que una de cada 67 mujeres que consumen alcohol durante el embarazo, dará a luz un niño con síndrome alcohólico fetal. No hay un factor específico que permita predecir en qué casos se producirá el síndrome y en cuáles no. Es como una siniestra lotería.

El consumo de alcohol durante el embarazo puede provocar una serie de afecciones que se conocen como trastornos del espectro alcohólico fetal (TEAF). Estos son la primera causa prevenible de defectos de nacimiento y anomalías en el desarrollo del niño.

Como resulta claro, el consumo de alcohol durante el embarazo puede dar lugar a graves deficiencias, tanto en el nacimiento como en el desarrollo. Estos son problemas de salud que duran toda la vida y que tienen consecuencias impredecibles.

Beber alcohol es peligroso porque este pasa de la madre al bebé a través del cordón umbilical. Esto trae como consecuencia problemas que van desde el aborto espontáneo y la muerte fetal, hasta discapacidades y anomalías como las siguientes:

Cabeza de menor tamaño.
Estatura más baja del promedio.
Anormalidades faciales.
Bajo peso corporal.
Problemas de hiperactividad.
Deficiencias de coordinación, memoria, concentración, razonamiento y juicio.
Dificultades de aprendizaje.
Retrasos en el habla y el lenguaje.
Coeficiente intelectual bajo.
Problemas de visión y audición.
Dificultades de salud en el corazón, los riñones y los huesos

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